Los Incunables de La Isla: Lapido y Arias (II)


… Aquí tenéis la segunda y última entrega de la conversación que mantuve con Lapido y Arias el pasado mes de abril. Como os comentaba en el primer post a propósito de ella, fue un encargo que me hicieron mis compañeros de Rolling Stone al que hube de meter tijera para adaptarlo al espacio requerido por la revista. Ésta es la versión íntegra…

La semana pasada estuvieron los representantes de la Movida Madrileña en un baile de gala en Mónaco. ¿Cómo lo valoráis?
(L): A mí me parece patético.
(A): Es una forma de aprisionar y simplificar algo que es mucho más complejo, minoritario e interactivo. No es que los grupos de Madrid vinieran aquí a decir misa.
(L): De hecho aquí sólo vinieron a tocar Los Secretos, que los vi en La Zubia, y Nacha Pop, que tocaron con Medina Azahara en el Zaidín. A principios de los ochenta sólo vinieron ellos. De todo eso ha quedado que fue una explosión de color y de diseño, eso es lo que han llevado ahora a Mónaco, con Almodóvar y Alaska; eso es lo que ha quedado como prototipo de aquello, pero fue mucho más.

Hace unos meses también hubo aquí, en Granada, un encuentro sobre la Movida Granadina.
(L): Tampoco hay que pecar de nostalgia, aquello estuvo bien mientras duró, estamos en otras cosas y las necesidades creativas son distintas.
(A): De hecho creo que se grabaron singles sensacionales, como Parálisis Permanente o Derribos Arias, pero luego los álbumes que hicieron eran una ful. También había grupos como Radio Futura que estuvieron a salvo de eso.
(L): Pero eso también nos pasó a nosotros, porque 091 grabó su primer disco a los seis meses de empezar. Un atrevimiento, un no querer ver la realidad. Tampoco había muchas personas que aconsejaran, porque en España no existían productores, algo que en Inglaterra o Estados Unidos existía desde hacía décadas. Nosotros teníamos diez canciones y las sacamos, sin discriminar si eran buenas o no. Si pudiera volver atrás no sacaría el primer disco de 091, como mucho sacaría un single, seleccionando, pero entonces creías que eras el amo del mundo con diez canciones acojonantes. Es que el primer disco lo grabamos en cuatro días.
(A): Además, la postura del ingeniero de sonido era que todo estaba mal, porque ellos querían hacer su sonido.
(L): En Inglaterra a principios de lo sesenta ya contaban con buenos productores, lo mismo que Estados Unidos. Sabían encauzar el talento de los músicos jóvenes.
(A): Aquí se ponían delante de ti con el reloj, todo el mundo metiéndote prisa… no había un volcado de ideas, no existía el mimo de ahora.
(L): En eso sí se ha avanzado mucho, se ha profesionalizado todo. En los ochenta las grabaciones eran penosas, por mucha gracia que nos puedan hacer ahora. Aparte de que en aquel momento todos los ingenieros descubrieron aparatitos como las reverb digitales, y le dieron al botón.

Tú, José Ignacio, vuelves a producir tu nuevo disco, pero Antonio siempre busca un productor.
(A): Sí, siempre procuro tener a alguien responsable de la grabación para poder echarle la culpa. Cuando produces un disco tienes que estar muy atento a todo, y eso a mí me desconcierta. Prefiero tener a alguien para quitarme de en medio. Y hoy, con todo el mundo detrás del tío que maneja el ratón, pues mucho menos… yo no quiero ser el del ratón.


Y tú José Ignacio, ¿cómo llevas eso?
(L): Yo no uso el ratón, sólo doy instrucciones. Desde que empecé en solitario me he producido los discos por falta de presupuesto. La verdad es que lo pensé para este disco, pero al final decidí hacerlo así. Antonio tiene razón, has de estar pendiente de mucha cosas, pero se sobrelleva.

Antonio, tú produjiste el primer EP de Los Planetas.
(A): Sí, fue más echar una mano que otra cosa. Conocía al batería y tenía un cuatro pistas, así que les ayudé a grabar porque metían mucho ruido. Tuvieron tanta suerte que ya no hice falta más. Me llamaron para el primer disco pero les dije que ya volaban alto, que para qué me iba a llevar yo el 25 por ciento.
(L): Perdiste tu gran oportunidad…
(A): De hecho, hace poco descubrí por casa aquellas demos de Los Planetas mientras trabajaba en la reedición de “Inercia”. Ya le dije a Jota que aquello me estaba quemando en las manos… Que yo sepa es la primera grabación de Los Planetas, pero bueno, se la daré a ellos.

José Ignacio, ¿Cómo valoras que se reedite un disco como “Inercia”?
(L): Me parece perfecto. Como fan de la música, agradecí mucho las reediciones de los Byrds. Los tenía en vinilo, pero lo agradecí por el material extra. En el caso de “Inercia” con más razón, porque ni estaba en el mercado. Yo lo voy a hacer con “Música Celestial”, que está desaparecido, y lo voy a reeditar ya mismo.
(A): El problema es que no está el disco en la tienda y tiene que ser una iniciativa por parte del músico, completamente privada.
(L): Los discos de 091 tampoco se pueden encontrar por ejemplo. Yo lo haría, pero ponerme a hablar con el abogado de Universal me da un poco de pereza.
(A): Yo he tardado siete años en conseguirlo.
(L): La gente pregunta cómo encontrar los discos de 091, y es que no se puede. Hemos reeditado el “Último Concierto” porque teníamos los derechos, pero todos los anteriores…meterte ahí es tiempo y dinero que yo no tengo.
(A): y no sólo eso, también dependes de que al abogado le dé el punto y comience a moverte el papeleo.
(L): Yo he llegado al punto de tener que pedir permiso para poder interpretar nuestras propias canciones para la grabación de “Último Concierto”. Tuve una pelea con el abogado de Polygram de la hostia. ¡Quería que le pagáramos por sacar nuestras propias canciones en un disco en directo! Claro, te pones a leer los contratos leoninos que te hacía y lo encuentras en la cláusula 533B…
(A): Y no hablas con el tío que te fichó…
(L): ¡Qué va, qué va! A ese tío hace mucho que lo han despedido. El abogado es el único que se mantiene en el puesto durante décadas; los cazatalentos que te doran la píldora duran seis meses.

¿Qué es lo que más admiras de Antonio?
(L): Hace bien muchas cosas. Su talento como compositor e intérprete. Es uno de los grandes bajistas que hay en España. Tiene capacidad para innovar y no quedarse parado.

¿Esperas sus discos con curiosidad?
(L): Claro, claro. “El Shock de Leia” ha sido un paso adelante y atrás porque ha recuperado el gusto por las canciones, ya que estaba yéndose más hacia el sonido. Ahora ha conseguido una colección más natural y real.
(A): José eso lo hace más, desarrolla la armonía de forma más completa. Yo lo he intentado pero sin mover acordes, así que en ese disco he tenido que echar la vista atrás, sin encorsetarme en el estilo porque entonces te quedas con el típico fraseo rock. Hace poco me compré la discografía de Andy Partridge, que es un maestro en el desarrollo de armonías; Jota de Los Planetas también lo hace, pero con muchos menos acordes.


¿Y tú cual crees que es el punto fuerte de José Ignacio?
(A): Es que me gusta lo que hace desde siempre, desde el primer single. Siempre me ha llamado la atención. Vivíamos cerca y quedábamos a menudo; como yo lo único que quería era aprender, me quedaba callado… y él también.
(L): ¡La didáctica del silencio!
(A): Para mí más que un compañero es un profesor, el que me ha orientado, con el que me he desarrollado y he aprendido a hacer las cosas. Cuando maquetábamos aquellas canciones juntos, veía que el desarrollo de estrofa, puente y estribillo le encajaba perfectamente, y eso es muy difícil de hacer. Yo no pude hacerlo así, pero en esa búsqueda logré conocerme a mí.
(L): Al final encontraste tu propio camino, porque las letras de Lagartija no tienen nada que ver con lo que yo hago.
(A): A mí me encanta que un grupo diga que está influenciado por 091 0 Los Planetas. Parece que en este país está mal visto, pero a mí me parece algo tan natural como que te influyan The Kinks. Es lógico que las composiciones de José Ignacio hayan llegado tan hondo, que sean para toda la vida, porque son sobrenaturales. Aparte, tocaba una Gibson SG y yo alucinaba, porque nunca había visto una.
(L): Ni yo hasta que la compré.

¿Esa SG es la misma que usas ahora?
(L): La misma, una SG de 1979. Ahora cumplirá 30 años, es un guitarrazo.
(A): Auténtico, no se le ha roto nunca. Yo seguí su instrucción de no limpiar mi instrumento y tengo mi bajo hecho una mierda…

Lagartija Nick está nominado este año en los Premios de la Música. ¿Cómo os lo tomáis?
(A): Ya me parece bastante que se fijen en algo que han ignorado durante décadas. Si sirve para que empiecen a ayudar en la autoedición y hagan lo que prometieron… entrar un poco en el sistema para cargártelo desde dentro. Si gana el premio Triángulo de Amor Bizarro me parece perfecto, porque es un grupo joven y forma parte de la escena que mete vitalidad a la música… lo que no puede ser es darle ese premio a O’Funkillo, porque es cargarse la esperanza de esa gente que hace un rock más comprometido, más difícil. Está bien figurar ahí de alguna manera, porque es que somos los socios más viejunos de la SGAE. Supongo que somos miembros de la Academia por nuestro número en la SGAE.

¿Estás de acuerdo, José Ignacio?
(L): No tengo mucha fe en ningún tipo de premio, pero si sirven para algo creo que debe ser para lo que dice Antonio. Yo sería más radical, no haría distinción entre rock y rock alternativo. ¿Por qué Lagartija Nick no puede optar a ese premio y sólo puede optar un grupo ya establecido que lleva años en una multinacional? Parece que esos premios a los alternativos son de consolación. Yo creo que Lagartija Nick no son alternativos, sino un pedazo de grupo de rock. Y ya está. Si su disco es mejor que el de Rosendo, ¿por qué no se lo vas a dar?

Antonio cree que los grupos jóvenes son mejores músicos que antes. ¿Qué te parece a ti?
(L): Tocan mejor y han oído mucha más música, eso sí. Es que en los ochenta, salvo los grupos de rock duro como Barón Rojo, no tocábamos muy allá. Era puro afán de imitación de aquello que te gustaba y no nos cortábamos ante nada. No habíamos aprendido en una academia, sino sobre la marcha.
(A): En los ochenta había productores que querían hacer que tocaras como un profesional, pero la forma de hacer que más ha perdurado es la de los cuatro amigos que no eran profesionales. En las grabaciones había siempre músicos de estudio haciendo cola; en cuanto fallabas, ya estaba alguno piando y el productor deseando quitarte de en medio. Pero ha trascendido la postura más cabezona, no la profesional ni estandarizada. Pero esa lucha está perdida con las multinacionales, que quieren reorientar las carreras como si estuvieran en una empresa de telefonía móvil.


¿Es posible perdurar en el rock and roll sin ser cabezón?
(L): Depende del sentido que quieras imprimir a tu trayectoria. Hay personas que a las primeras de cambio se dejan llevar por no tener esa fortaleza de ánimo. Ejemplos en el pop español hay muchos, de grupos que empiezan con unos determinados presupuestos artísticos pero que luego desarrollan una trayectoria mareante, sin personalidad alguna, intentando adaptarse. Al final se recompensa la cabezonería, pero tampoco creo que deba ser la actitud de un burro que sólo ve lo que hay enfrente, sino la determinación para mantener tu sentido y capacidad de decisión.

¿Habéis tenido momentos de duda, de flaqueza?
(L): No, ya con 091 nos dimos cuenta de que nunca saltaríamos de lo underground a lo comercial. Con “Doce canciones sin piedad” ya nos dimos cuenta de eso. Ahí vimos que era o tirarnos al barro o seguir por nuestro camino, y nunca dudamos en seguir con nuestra forma de hacer las cosas.

Estar aquí, un cuarto de siglo después de vuestro primer encuentro, ¿Os pone contentos?
(L): A mí me alegra que ambos sigamos haciendo música, con ganas.
(A): Eso demuestra que hay una pasión que une a la gente. Yo me alegro porque eso anima a todo el mundo a seguir creando.
(L): Es una sorpresa, eso desde luego. Yo ni por asomo pensé que seguiría 25 años después de haber empezado, aquí, con la SG todavía… lo hacíamos por mero placer, por tocar… seguir aquí es muy grato.
(A): Por supuesto. Y mantener la amistad y seguir viéndonos, también. Que siga yendo gente a los conciertos y valorando tu trabajo es otra alegría y hay que agradecerlo; al final acabas queriendo a todos y cada uno de los 3000 o 4000 que te quedan.
(L): El otro día estuve viendo a Lagartija Nick presentando el “Inercia” y dieron un conciertazo. No es que digas que veinte años después siguen pero en estado catatónico, es que a estos no les tose nadie en directo. Tienen una fuerza y un empuje dignos de admiración después de tanto tiempo. Es algo real, que existe, que puede competir con cualquier cosa que sale ahora.
(A): Es una de las luchas: que no te condicionen ni relacionen a ningún momento o escena ya pasada. Que tenga vigencia por sí mismo.
(L): El hecho de estar haciendo algo de valor ahora mismo, en 2008, sin vivir de las rentas de un pasado lejano.

Texto: César Luquero
Fotos: Antonio G. Olmedo (agolmedo@hotmail.com)