Los incunables de La Isla: Niños Mutantes

La entrevista que puedes leer a renglón seguido permanecía inédita desde el pasado abril. Fue un encargo de Heineken Música, que terminó sepultado bajo polvo virtual por la imparable maquinaria de la actualidad musical. El operativo de rescate concluye satisfactoriamente, casi medio año después.

 

 

Niños Mutantes. La letra pequeña

por César Luquero

Tras experimentar con el formato –discos con DVD, cajas de singles, recopilatorios de versiones– y solidificar su sonido en decenas de conciertos, el veterano grupo granadino publica «Todo es el momento», un álbum con material completamente nuevo que sorprenderá incluso a sus detractores.

Hacía más de cinco años que Niños Mutantes no estrenaba LP, pero eso no quiere decir que el grupo andaluz haya estado de brazos cruzados. De hecho, su actividad ha sido tan intensa como de costumbre y su discografía ha seguido engordando gracias a la publicación de cuatro sencillos y dos recopilatorios: «Canciones para el primer día en la tierra» (2005) –que se nutría de la colección de singles antes citada– y «Grandes éxitos de otros» (2007), que recogía las versiones grabadas por el grupo desde su formación.

Así las cosas, no extraña que «Todo es el momento» haya despertado cierta expectación en los círculos de nuestro rock independiente. Y cabe decir que ellos no han perdido el tiempo, porque estamos ante su colección de canciones más conseguida y variada hasta la fecha. Un trabajo en el que exponen buena parte de lo aprendido en su carrera, ejemplo de regularidad y discreción que ahora, casi quince años después, da sus mejores frutos.

Juan Alberto Martínez, granadino de 33 años, es el cantante y guitarrista de Niños Mutantes. También es un abogado laboralista en ejercicio que, como el resto de sus compañeros, compagina ambas profesiones de la mejor manera posible. «Más que profesionales liberales», explica al otro lado del teléfono, «somos profesionales mal pagados, con derecho a escaparse». «Ninguno de nosotros vive de la música, tenemos otras ocupaciones que nos permiten seguir con esto, que es nuestra pasión. En el grupo hay de todo: abogados, informáticos, productores de televisión… siempre hemos buscado ocupaciones en las que nosotros marcábamos nuestro horario».

Teniendo en cuenta los detalles de producción del disco –la grabación empezó en la Alpujarra, siguió en un estudio de la capital nazarí y se remató en Madrid–, suponemos que habrán tenido que hacer encaje de bolillos con el cuadrante. Pero ha merecido la pena. De aquí a finales de mayo tendrás oportunidad de comprobarlo en vivo y en directo, porque Niños Mutantes protagoniza una extensa gira con casi veinte fechas bien repartidas por todo el país.

¿Qué supone para vosotros este nuevo álbum después de tanto tiempo sin trabajar dicho formato?
No es un álbum más, es un disco muy especial. Desde que empezamos a prepararlo, nos ha dado la impresión de que era un paso importante, el resultado de todo el camino que llevamos andado. Ahora mismo miramos atrás y vemos un camino de aprendizaje hasta llegar a este punto. Sentíamos la misma ilusión y energía de nuestros principios.

Antes de «Todo es el momento» y de vuestro recopilatorio de versiones, publicasteis una colección de cuatro sencillos. ¿Cuál fue el principal aprendizaje de aquella experiencia?
Fue un intento de ruptura con la rutina marcada por la industria: componer, grabar más diez canciones, hacer la promoción, una gira y vuelta a empezar. Queríamos romper con eso, lo que pasa es que, después de cuatro singles seguidos, aquello también se convirtió en rutina. El desafío era volver a hacer un disco. Lo que aprendimos de la colección de singles fue que cada canción se merece todo el tiempo y atención en el momento de ser grabada. Eso a veces se diluye durante la grabación de un álbum, porque trabajas con varias canciones a la vez.

Ahora, con perspectiva, ¿tienes la sensación de no haber dedicado suficiente atención a algunas de vuestras canciones?
No…cada canción es fruto de un momento y no solemos volver la vista atrás. Estamos contentos con todo lo que hemos hecho, porque respondía a lo que necesitábamos en cada momento. Nosotros siempre hemos hecho lo que nos ha salido de los huevos, es la gran suerte que hemos tenido. Tenemos una carrera larga, marcada por la libertad absoluta y por ausencia total de injerencias o presiones externas.

¿Y dentro de esa libertad absoluta, cual es la regla de oro?
Siempre hemos buscado lo mismo: hacer canciones redondas y que emocionen. Canciones que hablen de temas que afectan a nuestras vidas; como no somos perros verdes, sabemos que también afectan a la vida de los demás.

Ser un grupo de pop, vaya…
Sí…Nuestro norte siempre ha sido disfrutar con la música. No nos han movido ni las modas ni los condicionantes comerciales. Siempre hemos buscado sentirnos a gusto y reflejados en nuestras canciones.

Lo que más me gusta de «Todo es el momento» es la gran dinámica entre canciones que tiene. Mucha más que en cualquiera de vuestros discos anteriores. ¿Estás de acuerdo?
Sí, totalmente. Nuestros trabajos anteriores siempre respondían más a un estilo o forma de trabajo determinado. Vistos con perspectiva, sí pueden parecer más lineales. En este disco hemos buscado la variedad, pero también han ido saliendo así las cosas. Hay canciones sólo con acústica y violonchelo, otras son casi bailables, otras más experimentales. Estoy de acuerdo contigo. Aunque ya no se escuchen los álbumes de principio a fin y la forma de escuchar música ahora mismo sea por canciones sueltas, nosotros hemos intentado hacer un disco que se pudiera escuchar entero, que fuera un viaje y que fuera entretenido.

Una faena eso de que los discos ya no se escuchen enteros, ¿no?
Pues sí, para los románticos y los clásicos sí es un palo. Es una forma de convertir la música en un producto de consumo inmediato. Nosotros aspiramos a hacer cosas que perduren un poco más. Hemos vuelto al álbum para hacer una colección coherente y que pudiera escucharse entera. En fin, vamos contra los tiempos.

Parte de la grabación del disco ha tenido lugar en La Alpujarra. ¿Qué buscabais allí?
La gente siempre nos dice que les gustamos más en directo que en disco. Buscábamos una aproximación lo más natural posible al sonido del grupo y para eso necesitábamos un espacio más grande que el de un estudio al uso. Encontramos un cortijo en La Alpujarra que nos venía de perlas, se instaló allí un estudio totalmente vintage, con material antiguo de los setenta, para grabar en directo y sobre cinta analógica.

Los Enemigos grabaron «Gas» (1996) de la misma forma, aunque ellos se fueron a un caserío de Guipúzcoa.
Y les pasó lo mismo que a nosotros. Como era un estudio accidental, fue complicado empezar a trabajar, hubo mucho caos al principio hasta que empezaron a funcionar las cosas. Al igual que Los Enemigos, buscábamos el aislamiento, el estar concentrados y viviendo juntos mientras hacíamos el disco, que es algo que nos había faltado en los trabajos anteriores.

¿En qué zona de La Alpujarra está el cortijo?
Cerca de Órgiva, que es uno de los pueblos más grandes de la zona, con varios anejos. Uno de ellos es Los Tablones, y ahí es donde estábamos. Es un pequeño reducto hippie, de hecho allí hacen la Fiesta del Dragón, una fiesta de primavera a la que acuden miles de hippies de toda Europa. Se dio la circunstancia de que la gente de Producciones Peligrosas, que se encargó de montar el estudio, tenían amigos en el pueblo. Por eso fuimos allí.

Hace poco vi un reportaje sobre la Fiesta del Dragón y me sorprendió lo mucho que habían cambiado los hippies.
Sí, antes hablaban de paz, amor y drogas lisérgicas y ahora prácticamente son unos bakalas. No participamos mucho del mundo rave-hippie que había, pero bueno, en cualquier caso es un lujo estar grabando allí, con esas estrellas encima de la cabeza en lugar de cemento. Esas cosas acaban filtrándose en los discos.

Habéis trabajado con Fino Oyonarte, un productor experto capaz de trabajar con grupos muy distintos. ¿Cuál fue la primera impresión al tomar contacto con él?
Muy buena, igual que la última. Fino es un tío de puta madre en lo personal, pero es que en lo profesional tiene unos grados de compromiso que no son sanos, se entusiasma con su trabajo y se desvive porque el grupo quede contento y el disco refleje cómo es el grupo. Hay productores que intentan llevarte a su terreno, hacia su sello personal, pero Fino se vacía de ego y hace todo lo posible porque tu música suena a como suenas tú en el local de ensayo.

Una vez conocido el material, ¿cuál fue su primera consigna?
Pues él coincidió con nosotros en algo que nos rondaba, pero para lo que necesitábamos una guía: ser más sutiles tocando, ser capaces de acentuar las diferencias en las intensidades. Si hay que tocar a todo trapo, adelante; pero si hay que tocar suave, eso ha de llevarse al extremo. Fino nos ha ayudado mucho con eso y seguramente por eso este disco es más variado. Siempre hemos sido muy enérgicos pese a ser un grupo de pop, pero Fino nos ha ayudado a encontrar esos matices que hacen que las canciones respiren.

En los últimos meses habéis afrontado cambios importantes: paternidades, cambios en la formación, una nueva oficina de representación…
Sí, hemos cambiado muchas cosas. En nuestras vidas ha habido nacimientos, muertes, rupturas, nuevos amores, se ha incorporado Andrés, que es una de las mejores cosas que nos ha pasado desde que empezamos en la música, trabajamos con una nueva editorial…muchas cosas…

Así que «Todo es el momento» tiene algo de milagro, porque muchas veces ese tipo de cambios acaban con los grupos.
Esperamos que sí, lo hemos hecho con frescura y nueva energía que viene de todo ese cambio. Eso está presente en la ilusión y actitud hacia el disco. Por eso se llama «Todo es el momento», aparte de por una lectura más filosófica u orientalista, referida a la exaltación del instante y al rechazo a la ansiedad que producen pasado y futuro.

¿Habéis aplicado esas máximas orientales?
Se intenta, pero es un camino complicado. Supongo que lleva toda una vida aprender a hacerlo, pero durante la grabación del disco sí que lo hemos intentado poner en práctica.

Con el disco recién terminado, supongo que será complicado desprenderse de las expectativas.
Claro, mentiría si no dijera que tenemos más expectativas que nunca. Pero es que nunca hemos tenido las sensaciones que tenemos ahora en lo referente a la grabación, el resultado final y los primeros conciertos de la gira.

¿Por qué dices que Andrés López es de lo mejor que os ha pasado desde que empezasteis?
Porque hay mucha sintonía personal, somos grandes amigos. Pero además Andrés es un gran guitarrista, gran arreglista y hace unos coros perfectos. Es muy fácil trabajar con él, aporta mucho entusiasmo y tenía que haber estado con nosotros desde siempre.

¿Y por qué no ha sido así hasta ahora?
Pues porque él vivía en Sevilla, tocaba en Malahora. Se mudó a Granada y coincidió que nos habíamos quedado en trío. Fue nuestro gran fichaje.

Siendo él miembro de Malahora, ya teníais en común la devoción por 091, ¿no?
Sí, Andrés es muy fan de 091 y nosotros también crecimos con los cero. Él no los pudo disfrutar tanto en directo, pero aquí, cuando estábamos en el instituto, uno de los grandes acontecimientos era que el fin de semana los 091 tocaran cerca, porque siguen siendo uno de los mejores grupos en directo que han conocido los escenarios de este país. De todas maneras, nosotros éramos más fans de Lagartija Nick que de los cero.

Supongo que crecer en Granada, con unos referentes musicales tan importantes como esos, te termina marcando si lo que te gusta es el rock.
Eso fue una suerte, porque eran un modelo a seguir por lo bien que sonaban y por la energía que transmitían en sus conciertos. Si nosotros estamos en esto es en gran parte por haber visto a Lagartija Nick, 091 y Surfin’ Bichos cuando éramos adolescentes. Queríamos subirnos al escenario y hacer lo mismo que ellos. Bueno, y también había otros grandes motores, como Nirvana y los Pixies.

¿Has seguido la pista a la saga Surfin’ Bichos?
No a todos. Seguimos la carrera de Chucho sobre todo. La última época ya perdimos un poco la atención. Y al resto de ramificaciones no les hemos seguido la pista, aunque siempre que he escuchado canciones de ese tronco común me han parecido interesantes.

Dos canciones me llaman la atención sobre el resto. La primera de ellas es «Te favorece tanto estar callada», por estar cerca de lo que suena ahora en las discotecas indies. ¿Cómo llegáis a ella?
Somos permeables a lo que vamos escuchando y en los últimos años nos ha gustado mucho el sonido de Bloc Party, Franz Ferdinand o los Strokes. Teníamos más bocetos en esa línea, pero sólo ha quedado esta. Curiosamente, el esqueleto de esta canción fue un intento de versión de la etapa del «Grandes éxitos de otros». En concreto partía de «Yo soy quien espía los juegos de los niños» de Ilegales. Al final no tiene nada que ver, pero la raíz está ahí.

La otra canción que me llama la atención es «Formentera»; creo que trasciende el sonido indie-rock que os caracterizaba.
Sí. Hay otras canciones de sonido más clásico en el disco además de esa. «Formentera» mira hacia los Love. Tanto las letras como el sonido son más maduros en este disco. En canciones como «Formentera» ha influido una experiencia de los últimos años: Andrés y yo hacíamos conciertos acústicos aprovechando periodos de poca actividad y hemos incorporado ese sonido acústico a los conciertos con la formación completa. Eso marca otra línea en la música y las letras.

Con una carrera tan larga e intensa como la vuestra, ¿por qué crees que siempre habéis estado en segunda fila?
Pues no lo sé, quizá porque no hemos dado con la tecla correcta. Nunca hemos sido oportunistas, sólo hemos hecho lo que nos salía de dentro en cada momento. Si gustaba, pues bien; si no, también. No hemos tenido portadas ni hits, pero sí hemos conocido el poder del boca a boca. Movemos mucha más gente que grupos con mayor resonancia en los medios y eso se ha conseguido a través de las recomendaciones de amigo a amigo. De todas formas, los caminos del señor son inescrutables, nunca se sabe por qué un grupo tiene éxito y otro no..

Aún así, conviene definir bien el concepto de éxito, porque es algo bastante relativo.
Claro, nuestro éxito es que no somos flor de un día, que después de diez años tenemos una fiel legión de seguidores que nos demuestra cariño, respeto y se identifica con lo que hacemos. Creo que eso tiene más valor que dar un pelotazo y que a los dos años nadie se acuerde de ti. En este tiempo hemos visto caer a muchas esperanzas blancas.

Texto: César Luquero
Fotos: sacadas de su web oficial