Los incunables de La Isla: Mónica Naranjo

A primeros de septiembre pasado, tuve el placer de conversar por teléfono con Mónica Naranjo. Mi jefa en On Madrid me encargó entrevistarla porque la gira de presentación de «Tarántula» recalaba en la capital y, claro, había que informar del asunto a los lectores de El País. El caso es que, una vez más, hubo que ceñirse a un determinado número de caracteres, y buena parte de la charla cayó en saco roto. Por si fuera de vuestro interés, reproduzco a continuación la charla que mantuvimos.

¿Qué sensaciones estás teniendo en tu reencuentro con los escenarios?
Muy emotivas, con muchos nervios y responsabilidad. Esto es como cuando no practicas alguna zona muscular: vas viendo que poco a poco el músculo coge fuerza o se debilita. Estamos recogiendo una mezcla de emociones muy fuerte y grata.

¿Durante todos estos años de parón, has temido que el público no respondiera a tu regreso?
No puedes tener esa inseguridad. Ni debes. El escenario no se debe pisar, sino quemar. La que manda eres tú; no te puedes sentir sumisa en ese momento.

Seguridad ante todo, vaya.
El último año, cuando estaba terminando el disco, ya estaba pensando en que me iba de gira, haciéndome a la idea y preparándome físicamente para aguantar dos horas ahí arriba.

¿Cómo te preparas?
Hago un poco de todo: bicicleta, joggin, natación… Aeróbico, para coger fondo. Una hora diaria, como mínimo.

¿Así que nunca dudas sobre tus capacidades?
Después de quince años en este trabajo sé cuáles son mis límites. Sé hasta dónde puedo llegar y dónde no debo llegar, porque sea insano o porque sencillamente no puedo. No hay que extralimitarse, porque sólo somos seres humanos, no dioses.

¿Qué se van a encontrar tus seguidores madrileños en este concierto?
Un concierto de rock gótico. Decidimos ser un poco más oscuros que otras veces. «Tarántula» se presta mucho a ello. Decidimos hacer una mezcla de rock metalero a la que, curiosamente, se adaptaban muy bien los temas antiguos. Quien espere ver un concierto de baladas no lo va a encontrar, aunque estamos moviéndonos para hacer una gira de teatros, más íntima. Como hay mucho repertorio y muy mezclado, en esta gira hemos decidido llevar los temas al lado más rockero.

¿Hacer un disco más oscuro responde al signo de los tiempos?
No. He descubierto que donde más oscuridad hay, también encuentras más luz. Todo está muy trillado y la singularidad se encuentra en la planta menos-uno; ahí es donde vamos los que estamos un poco más desequilibrados que otros. No sólo soy intérprete, también me guiso y me como las canciones y producciones. Soy carne de estudio. La razón de mi ausencia en estos cinco años es que necesitaba investigar, porque no se trata de hacer discos porque sí; esto es arte, no una frutería, y el arte hay que trabajarlo sin prisas. Prefiero estar desaparecida cinco años y dar un buen disco. Hay que dar calidad, porque la vida y los precios están como están y la gente no es tonta.


¿Qué música has descubierto durante la gestación de «Tarántula»?
He escuchado grupos raros, en el buen sentido de la palabra. Me encantan Freestylers, Marilyn, Chemical Brothers… he alternado música underground y música clásica, sobre todo réquiems. Me encanta esa mezcla, esos acordes menores con ritmos oscuros.

Y también la electrónica cañera, por lo que veo…
Los jóvenes tenemos que evolucionar. El problema de la música latina es que se piensa que estamos limitados por cantar en español, cuando es lo contrario. Puedes coger un arreglo o una programación y llevarlo por mil caminos distintos. Pero claro, tienes que creértelo, y eso no es fácil.

Dices disfrutar en el estudio. ¿Eres muy meticulosa?
He pasado una etapa en la vida de mucho perfeccionismo que me estaba destruyendo, porque nunca estaba contenta. Un día me quité ese estigma: ahora lo escucho, antes lo analizaba. Pero han pasado años hasta que lo he conseguido.

Eso está muy bien. Seguro que te ayuda a disfrutar de lo que hacen los demás.
Es un cáncer que te mata lentamente, la peor de las agonías. En la vida hay que disfrutar y no amargarse. Todo es muy sencillo, pero nos empeñamos en complicarlo.

En los agradecimientos del disco pones el acento en que te valoren como persona, no sólo como artista. ¿Llevas mal ser una celebridad?
Pues sí, porque soy una tía muy corriente que encarna un personaje. Mónica Naranjo es un personaje, soy muy actriz encima del escenario. Si tuviera el carácter que represento en escena, no me tragaría ni mi hijo. Pero funciona, ese personaje es lo que da carácter al trabajo. Ten en cuenta que ese personaje está muy cosido a mi piel, que hay muchas horas de trabajo y ensayo detrás para que sea creíble. Pero en el día a día soy normal y corriente. Cuanto más me miro al espejo, menos veo. Todavía me sorprende que alguien se ponga a gritar si me ve por la Gran Vía. Aunque te choque, soy muy discretita.

No me choca. No tengo el gusto de conocerte personalmente.
Una de las cosas que me ha gustado de este regreso es que las cosas han cambiado mucho en los medios; y para bien. Es menos agresivo, al menos con el tipo de prensa con que solemos trabajar. La prensa de ahora es más joven, más amable e inquieta, sabe escuchar y, sobre todo, es fiel a lo que les cuentas. No llegan a la redacción y escriben lo que les hubiera gustado escuchar, que también me ha pasado alguna vez. Estoy encantada con ese cambio.

¿Afrontar la promoción era como una china en el zapato?
No, tampoco. Me hago a la idea antes de salir de casa. Sé que en un día puedo hacer quince o veinte entrevistas pero, al fin y al cabo, una entrevista es cuestión de química y para eso soy muy intuitiva. Como haya una persona que me dé mala vibración, ya estoy deseando terminar. Y a lo mejor esa persona está siendo muy amable conmigo, pero me produce inquietud. Aunque debo decirte que en esta etapa no me ha pasado. Obviamente, pedí a la compañía que no me llenara tanto la agenda; he aprendido de los errores y no quiero las agendas a rebosar. Prefiero estar una semana más en Madrid, dos, me da igual, y hacer las cosas bien. Que el periodista se vaya con todo lo que traía apuntado bien contestado, con tiempo suficiente para poder explayarme en cualquiera de las preguntas que me hagan. Así es cuando nos quedamos todos contentos.

Muchas veces a la promoción peca de prisas, eso es cierto.
Claro, y no dejas a los profesionales explayarse. Lo que me ha gustado mucho de esta etapa promocional es que no he hecho entrevistas, sino que he tenido conversaciones con los periodistas, tal y como la que estamos teniendo tú y yo ahora. Es mejor para todos porque, si no, todo se queda en las preguntas obligatorias.


Que hayas incluido una cita de Soren Kierkegaard –»El pecado es el vértigo hacia la libertad»– en el interior del disco también me ha llamado la atención.
Me encanta esa frase. Para ser libre tienes que pringar mucho últimamente. La libertad tiene un precio y ese precio es el pecado, porque a cambio de esa libertad dejas muchas cosas escapar. No estoy aquí por ambición, estoy aquí por el placer de estar. No quiero esclavizarme, porque soy un alma libre y siempre lo he sido. Soy de Figueras, he crecido en un barrio humilde, lleno de drogas y prostitución; sé lo que es la libertad, lo que es escapar de una esclavitud laboral y emocional. ¿Es un pecado? Pues sí, porque te pierdes otras muchas cosas, pero a mí me valió la pena.

¿Te has sentido esclava de algo o de alguien?
En el momento en que me siento atada, me voy. Porque solos venimos y solos nos vamos: esa es la condición humana. A mi hijo le educo así: él es completamente independiente, porque quiero que sea libre y que nadie le venda chorradas; no quiero que nadie le diga que haga tal o cual porque es bueno para su carrera. ¿Qué es una carrera? No es nada. ¿Es algo que puedas abrazar o que te pueda arropar por la noche? Pues no. Lo importante es tenerte a ti mismo y quererte mucho. Si te quieres, todo funciona. Si no, nada tiene sentido.

Eso de que llegamos solos y nos marchamos igual tiene un punto de tragedia, ¿no?
No, qué va. Es importante estar a solas con uno mismo. Cuando mi marido marcha de viaje estoy a gusto sola. No quiere decir que no le extrañe, ¡pues claro que le extraño!, pero estoy a gusto conmigo misma. Hay personas que no saben estar solas y tienen un grave problema. Todo es una cuestión de autoestima. Nos olvidamos de que estamos solos y nos vamos solos, pero si partiéramos de esa base, por muy dura que sea, la vida se aprovecharía mejor.

¿Cómo te gustaría que te recordaran?
Pues nunca me habían hecho esa pregunta, la verdad. No sé…como una persona apasionada por el arte. Todo lo que he hecho en mi trabajo ha sido con el corazón. Habrá gente a la que le guste y gente a la que no, pero siempre lo he hecho convencida de que sale de dentro. Esa ha sido mi terapia: poder expresar todo lo que siento a través de la música.

No es poco.
Eso creo yo. Si no tuviera un trabajo así creo que habría caído enferma., porque tengo mucha energía.

Texto: César Luquero

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