Mis compañeros de la revista Rolling Stone me encargaron que entrevistara a dúo a José Ignacio Lapido y Antonio Arias para incluir dicha interviú en su número 103, que vio la luz en mayo pasado. Hecho: cogí el portante y me presenté en Granada, donde me recibieron con mucha amabilidad y ganas de hablar, contentos por compartir escena un cuarto de siglo después de su primer encuentro. Como el espacio siempre es un bien escaso en las revistas musicales, tuve que editar la pieza y ceñirme a las indicaciones de mi redactor jefe. Ahora que ha pasado un tiempo prudencial, recupero (en dos partes) el total de la conversación, esperando que sea de vuestro agrado. Para dar el lustre que la ocasión reclama, llamé al fotógrafo Antonio G. Olmedo y le pedí que me pasara alguna fotuni de la sesion realizada la misma semana de la entrevista, a lo que accedió con un entusiasmo que sólo me cabe agradecer. En fin, os dejo con los maestros…

¿Recordáis el día en que os conocisteis?
(Lapido): Si la memoria no me falla fue en 1982. Tacho, José Antonio y yo habíamos decidido hacer un grupo y nos faltaba un bajista. José Antonio había sido cantante de TNT con el hermano de Antonio, Jesús Arias, y nos dijo que su hermano pequeño tocaba el bajo.
(Arias): Así me presenté. El otro día, Tacho me recordó que canté una canción en plan “Canción a Claudia” o “Canción a Julia”…
(L): Lo primero que hicimos fue comprobar qué tal tocaba. Su hermano decía que muy bien, pero eso lo dicen todos los hermanos. Creo que tocó una de Police.
(A): Sí, “So Lonely” de Police y el “God Save The Queen” de Sex Pistols.
(L): Nos gustó cómo la cantaba, nos gustó que el bajista cantara.
(A): A ellos les conocía porque había visto varios conciertos de Al-Dar, su anterior grupo. Me gustaban mucho porque eran el grupo más potente aquí. La posibilidad de entrar en 091 fue muy importante para mí, porque entré fácil, con 16 años, ya en un grupazo. Recuerdo que José Ignacio, al cabo del mes de estar en el grupo, me dijo: “ya veo que te desenvuelves, así que saca el meñique”. Es el consejo que más doy a los bajistas.
(L): ¡Es lo mismo que le dije a Sergio, el actual bajista de Lori Meyers, que estuvo tocando en mi banda! “¿Para qué tienes el meñique?”…
(A): Ahí pude acceder a un grupo profesional, con instrumentos profesionales y, sobre todo, al repertorio que manejaban ellos. José Ignacio ya era un compositor estupendo en aquella época, pero él me enseñaba a los Electric Prunes, a The Kinks…
(L): Tú también eras muy fan de los Byrds o de Buddy Holly…
(A): Sí, pero aquella fue mi universidad. Fue la experiencia más increíble que se puede tener a esa edad.
(L): Y el encuentro fue aquí al lado, en las cuevas.
(A): He subido la cuesta nada más que para recordar.
(L): Los cero siempre ensayábamos ahí, durante toda la vida del grupo. Eran propiedad de Cristóbal, un tipo que se autodenominaba “El Último Bandolero de Andalucía”. Tenía una furgo y se dedicaba a llevar a los grupos de bolo. También transportaba animales, así que la furgoneta olía fatal…
(A): Cristóbal decía que había sido de los maquis. Cuando se emborrachaba decía que le tocáramos el bim-bom, sacaba una navaja y se la ponía entre los dientes…
L: Eran de ese hombre, pero cuando murió se lo quedó un familiar suyo. Dicen que está en venta, pero allí nadie construye.

¿Qué gustos musicales compartíais?
(L): A mí me gustaba mucho la música de los sesenta. Sobre todo The Beatles. Los dos éramos beatlemaníacos y creo que lo seguimos siendo. También The Who, Byrds, los Kinks, The Jam…
(A): Convivíamos con una serie de grupos que en realidad eran orquestas. Valorábamos mucho que era el principio de una escena granadina que luego se reactivó, porque el primer manager de 091 fue Paco Ramírez, que ya lo había sido de Al-Dar, y el single de Al-Dar lo había producido el guitarrista de Los Ángeles. Aquello era una manera de revitalizar la escena.
(L): Agustín había grabado el single de Al-Dar y al principio de 091 colaboraba con nosotros y nos asesoraba. Tenía una discoteca y nos dejaba ensayar por allí. De hecho, el primer concierto de Lagartija fue en aquella discoteca.

No mucha gente sabe que en aquel concierto tú tocaste la guitarra con Lagartija Nick y también en la primera maqueta del grupo.
(A): Él me ayudó. Yo veía que podía manejarme y me apetecía cantar.
(L): Antonio se había ido de 091 después de “Más de 100 lobos” (1986), pero a los dos años retomamos la relación. Él tenía maquetas de canciones suyas, empezó a venir a mi casa y empezamos a trabajar en lo que luego sería “Doce canciones sin piedad” (1989). En ese mismo momento empezó con Lagartija Nick y le ayudé en lo que pude. Pero aquel fue el único concierto que hice con Lagartija Nick.
(A): Era una época en la que había mucho trabajo. Finales de los ochenta, con los grupos contratados por los ayuntamientos para llenar plazas de toros; teníamos unos cachés que nos permitían vivir de la música y vacilar por la noche…


¿Era más fácil ser rockero en aquel entonces?
(L): Es un hecho que en los ochenta los ayuntamientos contrataban muchos espectáculos de este tipo. Eso en los noventa desapareció. Aquí, en Granada, había muchos conciertos, se montaban continuamente, pagados con dinero público. Eso ahora es imposible.
(A): La rueda giraba e hizo posible que desarrolláramos nuestros proyectos antes de la gran crisis del CD. Pudimos profesionalizarnos, algo que ahora es más difícil.

¿Cómo os afectó el fin de todo aquello?
(L): La verdad es que también tuvo un efecto negativo, porque se hincharon los cachés. Muchos grupos cobraban por encima de lo que generaban, se organizaban y pagaban conciertos a fondo perdido. Cuando llegó la crisis de primeros de los noventa, los primeros recortes de gasto fueron en cultura. La única opción que hubo fue buscarse la vida en las salas: tocar en las salas yendo a taquilla y papeándote el país en furgo. Unas veces se ganaba y la mayoría no.
(A): Pero era obligatorio seguir, salir. El primer manager de Lagartija Nick era vasco, así que tocamos mucho por allí, en gaztetxes, por muy poco dinero. Era duro, pero ocurre que la perspectiva del músico siempre es del presente hacia atrás. No te das cuenta en tu vida diaria de lo graves que son algunos problemas. Tu vocación te lleva y superas las crisis como buenamente puedes. Lo de aquella época fue un paso obligado que se llevó a muchos grupos por delante.
(L): La crisis de los noventa terminó con la mayoría de grupos de los ochenta, pero pocos grupos de los noventa han sobrevivido.
(A): Nos acordamos de El Inquilino Comunista, Penélope Trip, La Secta… pero sólo han quedado Los Planetas.
(L): Pero yo en ningún momento pensé que con la crisis se había terminado aquello, porque es lo único que sé hacer. Cuando 091 se separaron sí fue un gran cambio para mí; al empezar en solitario, los ingresos se redujeron.
(A): Fue muy valiente.
(L): No era valentía, era cabezonería.
(A): A mí lo de salir en solitario me da pánico.

Pues todos identificamos a Lagartija Nick contigo…
(A): Sí, pero no es lo mismo ir sólo con tu nombre, que es una posición ante la vida, que con un grupo.
(L): Yo seguía sacando discos, pero me vi obligado a buscar otra fuente de ingresos, escribiendo guiones.
(A): Cuando llegó la crisis más profunda nosotros nos beneficiamos de haber sacado ya “Omega”, eso nos ayudó a pasar los peores años, del 95 al 99. Tuvimos la suerte de que salió eso y nos ayudó mogollón a todos los niveles para pasar la peor época del grupo, la del thrash-metal. Siempre digo que lo mío ha sido un viaje guiado desde muy joven por gente muy profesional, pero tampoco creo que la cosa tenga mucha ciencia, es como tú te lo plantees…
(L): La música en España, al menos como yo la he vivido, no es cosa de hacer planes, sino de estar a la que salta: si puedes, haces una gira; si puedes, grabas un disco… supongo que hay bandas que sí pueden hacer planes, pero no es nuestro caso.
(A): Nosotros venimos de una pasión musical, de una vocación muy fuerte, así que cuando 091 entramos en Zafiro, que ni sabían quién era Joe Strummer, ya nos dimos cuenta que era la movida que tú llevaras, que el que tiene que estar seguro eres tú, porque las compañías no sólo no te entienden, es que no van a participar de lo que tu crees.
(L): Es una opción personal, la de mantener nuestra forma de entender la música sin dejarnos influenciar por los consejos interesados que nos pudieran dar desde una compañía. Fue nuestra opción y nunca dimos el salto a la primera división comercial, pero cuando uno elige un camino lo hace con todas las consecuencias.
(A): Yo pienso que eso nos ha beneficiado, tanto a José como a nosotros, porque al final tenemos el respeto de muchísima gente.
(L): Más que por el respeto, que se agradece, es porque me siento bien conmigo mismo, porque tampoco me veo en otro papel, siguiendo el camino que marcan las modas.
(A): Es que ahí te pierdes, porque las compañías siempre quieren cambiar cosas y eso acaba perjudicando el resultado de los discos. Es lo que tiene dejarse guiar por economistas.

Antonio dice que una de las cosas que le llena de orgullo es ser de los pocos que ha firmado canciones junto a ti.
(L): Sí, él ponía la música y yo la letra. Las dos están en “Doce canciones sin piedad”. Una de ellas es “En tus ojos”, que era una de las maquetas que tenía preparadas para Lagartija Nick. Me encantaba esa canción.
(A): Incluso algunas de los primeros Lagartija Nick, como “No lo puedes ver” o “En un mundo real”, las llegamos a sacar para 091, pero ya me pilló a mí valiente y decidí sacarlas yo para adelante. Vi que Eric Jiménez estaba sólo, en un bar, y que era el momento.
(L): Eric es uno de los músicos claves de la escena granadina. Es un superviviente nato.
(A): Es otro ejemplo de músico talentoso que ha tenido arte para vivir, porque ha tenido épocas altas y bajas.
(L): La historia de Eric es mucho más agradecida de contar que la nuestra, porque ha tenido experiencia con tantos grupos…El otro día en el Ruido Rosa le decía que escribiera su biografía, porque iba a dar mucho de sí. Ha estado en KGB, en Lagartija, en Los Planetas…

Y sigue siendo un músico promiscuo…
(A): Sí, abarca más de lo que puede morder. Pero es por eso, porque venimos de una profesionalización, aunque hoy en día se valora mucho el amateurismo. El músico amateur es el que consigue las portadas de la prensa en España desde hace tiempo. Por su carácter alternativo pero también por su docilidad. Esa docilidad se traduce en un amateurismo que a mi me cuesta trabajo entender.


Para José Ignacio el rock suponía saber que no estaba sólo. ¿ Y para ti?
(A): Claro, hacer una canción crea un compromiso de comunicación, de hacerte entender. Es como la canción de los Beatles, la ecuación de “Abbey Road”: al final de tu vida el amor que recibes es igual al amor que das. Tambien Val del Omar lo decía: al final de tu vida te examinarán de amor.
(L): Al principio de todo, el encontrar gente que compartía unos gustos musicales como los tuyos o encontrar a alguien que tocara un instrumento era importante.
(A): También por la dificultad que había para acceder a esos discos.
(L): Y también por lo que vivimos en aquel momento, el punk y la nueva ola. Ahora se falsea la historia una barbaridad con todo el rollo de la movida madrileña o granadina. No había hordas de punkis en la calle, como mucho había uno. Y en Granada era igual, éramos cuatro. Cuando eres joven necesitas motivos de identificación y nosotros lo encontramos ahí.
(A): Tacho tenía una edición increíble del “All Mods Con” de los Jam, pero el acceso a los discos era restringido, tenías que ir a casa de un colega a escuchar los discos. Era tomar para dar.

¿Y esa percepción del rock como pequeño lugar común la seguís teniendo?
(L): Las cosas cambian, pero los motivos que me mueven no demasiado: el amor por la música y las ganas de crear algo.
(A): Además ahora hay unos referentes claros. Lori Meyers son un ejemplo claro del chovinismo granadino: siempre hablan de 091, Lagartija Nick, TNT , Los Planetas… eso es un poco inaudito, que los referentes sean más locales que otra cosa.
(L): Claro, porque nosotros no teníamos referentes cercanos. La conexión lógica que deberíamos haber tenido eran Los Ángeles y Miguel Ríos, pero hubo un vacío en los setenta.
(A): Los 091 en los ochenta ya nos veíamos con Morente, de hecho yo empecé a colaborar con Morente por una frase que dijo cuando todavía estaba en 091: “yo tengo cosas para hacer con un grupo”. Ya existía esa intención, ese camino ya estaba abierto.
(L): Pero grupos como Lori Meyers ya han tenido la experiencia de ver grupos tocando guitarras eléctricas. Yo también había visto a Leño, a Burning, a Asfalto…
(A): Recuerdo que uno de los primeros conciertos de 091 fue teloneando a Micky y Los Tonys…
(L): Antes había una tienda de instrumentos, tenías que esperar meses para conseguir un ampli bueno, pero ahora todo es más fácil…

¿Y el acceso fácil a todas las cosas cómo lo valoráis?
(L): Pues depende. Ahora hay mucha gente que almacena música, discografías completas, pero me pregunto si tienen tiempo de escucharla.
(A): A mí me ha pasado eso…
(L): Yo soy de los pocos gilipollas que sigue comprando discos, pero todavía tengo discos por abrir, porque quiero escucharlos bien, muchas veces, saber quién lo ha grabado y dónde… no sé si eso es positivo o negativo, pero eso ha cambiado.
(A): Es que comprar un disco ahora es un acto de coleccionismo mucho más potente, porque lo que estamos comprando son másters de los discos. Si todo se quemara, los grupos vendrían a tu casa a pedirte el máster. Pero detrás de todo eso hay una serie de oficios implicados.
(L): Claro, hay todo un proceso industrial en una grabación que arrastra a un montón de gente.
(A): Por otro lado, claro que mola lo de Myspace, pero corres el riesgo de llenarte de carpetas con discos que nunca oyes.

Continuará…

Texto: César Luquero
Fotos: Antonio G. Olmedo (agolmedo@hotmail.com)

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